¿”Nuevos” ecosistemas?

Otro punto álgido de discusión ha surgido recientemente entre la Biología de la Conservación y la Restauración ecológica. El punto de partida se sitúa en un artículo publicado en 2006 por Hobbs y colaboradores (Hobbs, RJ.;Arico, S; Aronson; Baron, JS; Bridgewater, P; Cramer, VA; Epstein, PR.; Ewel, JJ.; Klink, CA.; Lugo, AE.; Norton, D; Ojima, D; Richardson DM; Sanderson, EW; Valladares, F; Vilà, M; Zamora, R; Zobel, M, 2006. Novel ecosystems: theoretical and management aspects of the new ecological world order. Global Ecology and Biogeography, 15 :1–7; http://www.fs.fed.us/global/iitf/pubs/ja_iitf_2006_ hobbs001.pdf?). Estos autores especularon sobre la aparición de un “nuevo orden ecológico mundial”, argumentando que el influjo humano, representado por las especies invasoras, los cambios de uso del  suelo y el cambio climático mundial están alterando una gran cantidad de ecosistemas a un ritmo sin precedentes, de manera que podrían estarse generando agrupaciones de organismos conducentes a nuevos estados estacionarios, que deben ser considerados como emergentes o, para usar una expresión más familiar, “nuevos” ecosistemas. Hobbs y colegas argumentaron que intentar restaurar estos ecosistemas a algo parecido a una condición anterior a la perturbación es una pérdida inútil de recursos. En su opinión, los ecólogos de la restauración deberían esforzarse en gestionar los “nuevos” ecosistemas resultantes con objeto de maximizar los servicios que prestan a las poblaciones humanas, tales como el control de inundaciones, la retención de carbono y la polinización. Esta línea argumental se ha revitalizado en 2010, cuando la periodista Emma Marris ha defendido esta “nueva normalidad” y ha instado a los científicos y al público a admitirla y a centrar la atención en los beneficios que nos pueden aportar. Marris y Hobbs han llegado a sugerir que todo el que no se incorpore a la nueva dinámica y persista en la restauración o conservación “clásica” estará luchando por trabajar de forma análoga a lo que ocurre en la primera etapa del duelo (el shock y la negación) después de una pérdida personal importante. ¿Hay, pues, que rendirse a la evidencia? ¿O no?

“Novel ecosystems” are a Trojan horse for conservation

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