Incongruencias de nuestro modelo de vida insostenible

En general, se denomina índice Dow-Jones, en alusión a los dos periodistas que lo idearon, a uno de los más de 139.000 índices bursátiles que se trabaja la empresa del mismo nombre, aunque a lo que se alude es al Índice de Promedio Industrial Dow-Jones. Éste es un índice que da idea de las oscilaciones de las cotizaciones bursátiles de las 30 firmas industriales más potentes, en términos de capital, de los Estados Unidos, algo parecido a lo que es aquí el Ibex-35. Las oscilaciones de dicho índice tienen repercusiones importantes sobre nuestras vidas, en tanto que condicionan acciones y decisiones clave que tienen que ver con la disponibilidad de mercancías básicas. Por decirlo brevemente, es un índice de clara naturaleza e identidad capitalista. El sistema de organización capitalista, como todos, tiene sus ventajas y sus inconvenientes; pero su cimiento sobre la usura, que no otra cosa es el préstamo bancario de capital ficticio a cambio de intereses que nada tienen que ver con la subida real de los precios de los bienes, lo pone en solfa moral, especialmente al capitalismo extremo de corte neoclásico (el tan cacareado “neoliberalismo”), que lo ha convertido en su becerro de oro. Este mismo sistema capitalista neoliberal propicia la dinámica de uso de recursos que conduce a que un cuarto de la humanidad viva a costa de los de los otros tres cuartos, por decirlo brevemente y de una manera gráfica. Para dar una imagen amigable, un rasgo básico de este sistema es absorber las iniciativas que surgen al margen y hacerlas aparentemente suyas, pero sin modificar los procedimientos básicos de corte capitalista (y por ende productivista, es decir, aspirante a conseguir la mayor producción posible aunque los costes personales, sociales y ambientales sean grandes, comportamiento que tiene su razón inmediata en el fordismo de la postguerra, pero heredero del espíritu colonial y extractivista de la Revolución Industrial). Así, se ha ideado un Índice Dow-Jones de Sostenibilidad, que según reza la propaganda, es “el principal referente global para medir la aportación de las empresas al desarrollo sostenible” (https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%8Dndice_burs%C3%A1til_Dow_Jones). Sería largo discutir sobre las falacias que encierra la idea de “desarrollo sostenible”, sobre todo cuando ese desarrollo aspira a ser industrial y tecnológico. Pero, ¿qué valor tiene que se conceda la mención de “la mejor empresa del sector de las utilities (sic.) dentro del prestigioso (sic.) Índice Dow-Jones de Sostenibilidad”, como se acaba de conceder nada menos que a Iberdrola (http://www.ambientum.com/boletino/noticias/Utilities.asp?utm_campaign=11032015not&utm_medium=email&utm_source=newsnoticias#), un actor fundamental en el espectáculo del capitalismo extractivista exacervado (o nuevo colonialismo), conducente al enriquecimiento de una cuarta parte de la humanidad a costa del resto, en lo que supone la muestra más evidente de insostenibilidad?

Para algunos la sostenibilidad es la suya, no la de todos. Tenemos muchas cosas que repensarnos.

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