El negacionismo ambiental: una opinión personal

La vida es, esencialmente, dinámica. Desde que hay organismos vivos sobre el planeta, unos están desplazando a otros, en todos los sentidos. La acción humana actual no es cualitativamente diferente; nuestro dominio y trasiego conducen al movimiento incesante de especies entre áreas. Sin embargo, hay al menos un rasgo que hace cuantitativamente diferente este trasiego, que da lugar al fenómeno llamado “invasión de especies”, y éstas, a ser llamadas “especies invasoras”, cuando contribuyen a desplazar competitivamente a las autóctonas o a disminuir la eficacia funcional o evolutiva de los ecosistemas. Este rasgo es el mismo que caracteriza al cambio climático actual: su velocidad inusitada y su concomitante intensidad. La misma crisis de biodiversidad actual consiste en un proceso muy acelerado de extinción local y global de poblaciones y especies, producido en parte por acción del cambio climático y en parte por los desajustes provocados por las especies invasoras, además de por otras razones (fragmentación y degradación de los hábitat, sobreexplotación y favorecimiento de las cadenas de extinción). Si, siempre han ocurrido hechos de este tipo; pero nunca a esta velocidad. Una velocidad tal que puede estar impidiendo actuar de manera eficaz al principal mecanismo regulador de la misma evolución, la selección natural, impedimento que parece que ocurre siempre que está en marcha un evento de extinción masiva. Los humanos somos los responsables directos de lo que está ocurriendo; negarlo es pueril o suicida, porque las pruebas son abrumadoras. No tiene nada de raro, pues, que quienes no quieren aceptar las evidencias, que tienen repercusiones operativas y morales formidables, tiendan a negar toda manifestación del proceso de degradación actual, desde el cambio climático hasta el efecto nefasto de las especies invasoras. Por eso Trump, Erdogan o Rajoy se dan la mano; por eso se dan la mano quienes niegan las pruebas desde posturas de fe ciega en dogmas sin demostración posible, y por tanto inventados (independientemente de que llegara a demostrarse que son ciertos) y quienes las niegan perversa y cerrilmente desde el ámbito académico. Y es que los extremos se tocan.

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