Asignación de recursos para Conservación Biológica

En un artículo publicado en Conservation Biology (Sánchez-Fernández, D., Abellán, P., Aragón, P. Varela, S. & Cabeza, M. 2017. Matches and mismatches between conservation investments and biodiversity values in the European Union. Conservation Biology. DOI: 10.1111/cobi.12977 http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/cobi.12977/full), David Sánchez y colaboradores ponen en evidencia que los recursos destinados a conservación en Europa coinciden solo parcialmente con sus valores de biodiversidad.

De acuerdo con https://www.uclm.es/es/noticias/agosto2017/toledo/biodiversidad_fondos_europa, “[se] han analizado las correspondencias y desajustes entre las inversiones en conservación y los valores de biodiversidad en la Unión Europea. Este estudio relaciona, para cada uno de los estados miembros, tres indicadores sobre inversión en conservación (desde financiación recibida a través de proyectos LIFE, superficie protegida por la Red Natura 2000 y financiación para medidas agroambientales), con otros tres indicadores del valor de biodiversidad (riqueza total de especies, riqueza de especies endémicas y riqueza de especies de interés comunitario) para ocho grupos taxonómicos diferentes (incluyendo plantas vasculares, briófitos, aves, mamíferos, anfibios, reptiles, peces continentales, ortópteros y libélulas). Esta investigación incide a que debido a la gran variación espacial en la distribución de la biodiversidad y las necesidades de conservación a escala continental, los instrumentos de la UE deberían garantizar que los países con mayores valores de biodiversidad obtengan más fondos y recursos para la conservación de esta biodiversidad que otros países cuyos valores de biodiversidad son menores. En este sentido, se afirma que hay una relación bastante ajustada entre las inversiones en conservación y las variables de biodiversidad. Sin embargo, se encontraron algunos desajustes en los países que reciben más (o menos) inversiones de las esperadas en función de sus valores de biodiversidad. Por ejemplo, países como Portugal, Eslovaquia, Grecia y la República Checa reciben menos fondos de lo que le corresponderían atendiendo a la biodiversidad que albergan, mientras que el caso opuesto ocurre en países como Reino Unido y Alemania. Otro resultado interesante que se desprende de este estudio es que el uso extensivo de las aves como indicadores únicos de la efectividad de la conservación puede ser poco fiable, ya que las relaciones entre biodiversidad e inversión son mejores que para el resto de los grupos taxonómicos estudiados. Estos resultados podrían ser claves en el marco de la nueva estrategia sobre biodiversidad hasta 2020 adoptada por la Comisión Europea, en la que se espera que los estados miembros favorezcan una redistribución más eficaz de los fondos destinados a la conservación.” (Véase, también, http://www.agenciasinc.es/Noticias/Los-paises-con-mayor-biodiversidad-de-Europa-no-siempre-reciben-mas-fondos).

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Realmente, estamos muy necesitados de artículos rigurosos y comprometidos como éste. En too caso, yo me pregunto si la clave es “más fondos” o “utilización pertinente de algunos fondos más por políticos con cierto nivel en cuestiones ambientales y correctamente controlados”. Deberíamos poder someter a los responsables de las asignaciones de gasto al mismo tipo de escrutinio que nos someten ellos a nosotros respecto al gasto en proyectos de investigación, que se parece más a una actitud vengativa por el aireamiento de la corrupción de estos últimos años que no un control razonable (y necesario, por supuesto) de nuestros gastos.

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El criterio utilitarista en Conservación

Un interesante artículo sobre especies clave, umbrales mínimos de número de especies y funcionamiento de ecosistemas, y cómo haciendo uso de criterios discutibles pero ampliamente extendidos entre la población y los gestores se puede contribuir efectivamente a la conservación de cierta biodiversidad. En mi opinión contiene demasiadas asunciones que hacen que los resultados deban ser tomados con cierta cautela; pero, como todo buen artículo, abre muchas puertas para la propuesta de nuevas hipótesis a contrastar.

Dee, L. E., De Lara, M., Costello, C., & Gaines, S. D. (2017). To what extent can ecosystem services motivate protecting biodiversity?. Ecology Letters20(8), 935-946. DOI: 10.1111/ele.12790

“La sociedad centra cada vez más la gestión de la naturaleza en los servicios que proporciona a las personas y no en función de la existencia de determinadas especies. ¿Qué tipo de protección de la biodiversidad resultaría de este enfoque modificado? Aunque la biodiversidad contribuye a los servicios de los ecosistemas, los detalles sobre qué especies son clave y si van a extinguirse funcionalmente en el futuro están llenos de incertidumbre. Examinando explícitamente esta incertidumbre, desarrollamos un marco analítico para determinar cuánta protección de la biodiversidad surgiría únicamente de la optimización del valor neto de un servicio ecosistémico [función generadora de un bien]. Utilizando programación dinámica estocástica, encontramos que la solución óptima consiste en la protección de un cierto número umbral de especies; además, ​​la incertidumbre sobre el papel que cada una de ellas ejerce en la producción de servicios hace que sea mejor proteger más especies de las que se cree que son clave. Definimos condiciones bajo las cuales la estrategia de protección óptima desde un punto de vista económico sea proteger todas las especies, no proteger ninguna y proteger algunas. Se muestra cómo el número óptimo de especies a proteger depende de diferentes relaciones entre especies y servicios, incluyendo la consideración de servicios múltiples. Nuestro análisis proporciona criterios sencillos para evaluar cuándo el manejo de servicios ecosistémicos particulares podría garantizar la protección de todas las especies, dada la incertidumbre inherente. La evaluación de este criterio con estimaciones empíricas de diferentes ecosistemas sugiere que la optimización de algunos servicios hará más probable la protección de la mayoría de las especies que la de otras.”

Advertencia de los científicos mundiales a la humanidad: un segundo aviso

La Unión de Científicos Preocupados -y demandantes de ciencia en favor de un planeta saludable y un mundo más seguro- (http://www.ucsusa.org/), de la que formo parte, ha redactado un segundo manifiesto de advertencia sobre el estado del planeta, ahora que se cumplen 25 años de la publicación del primer manifiesto. El manuscrito está en prensa en BioScience. Se está solicitando la adhesión de aquellos científicos que estén de acuerdo en que para evitar la miseria generalizada causada por el daño catastrófico que estamos infligiendo a la biosfera, la humanidad debe practicar una alternativa de vida más sostenible desde el punto de vista ambiental que la practicada hasta ahora. Naturalmente, he firmado.

El texto traducido del artículo es el siguiente:

“World scientists’ warning to humanity: a second notice (http://scientistswarning.forestry.oregonstate.edu/sites/sw/files/Ripple_et_al.%20_8-11-17_scientists_warning.pdf).

William J. Ripple, Christopher Wolf, Mauro Galetti, Thomas M Newsome, Mohammed Alamgir, Eileen Crist, Mahmoud I. Mahmoud, William F. Laurance y #,### cofirmantes de ### países (Una lista completa de cofirmantes puede encontrarse en “materiales suplementarios”). BioScience, 2017.

Hace veinticinco años, la Unión de Científicos Preocupados y más de 1500 científicos independientes, entre ellos la mayoría de los premios Nobel vivos de ciencias, redactó la “Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad” de 1992 (http://www.ucsusa.org/about/1992-world-scientists.html; versión española en http://actionbioscience.org/esp/ambiente/worldscientists.html). Estos prestigiosos profesionales hicieron un llamamiento a la humanidad para reducir la destrucción ambiental y advirtieron de que “se requiere un gran cambio en nuestra gestión de la Tierra y de la vida en ella, si se quiere evitar una inmensa miseria humana”. En su manifiesto, afirmaron que estamos en vías de sufrir una colisión con el mundo natural. Expresaron su preocupación por los daños reales, potenciales o inminentes sobre el planeta Tierra, que conducen al agotamiento del ozono y de la disponibilidad de agua dulce, al colapso de las pesquerías marinas, a la aparición de zonas muertas en los océanos, a la pérdida de bosques, a la destrucción de la biodiversidad, al cambio climático y al crecimiento continuo de la población humana. Argumentaron que eran necesarios, con urgencia, cambios fundamentales para evitar las consecuencias que traería para la humanidad nuestro presente ritmo.

Los autores de la declaración de 1992 temían que la humanidad estuviera degradando los ecosistemas de la Tierra más allá de sus capacidades para mantener la red de la vida. Describieron cómo nos acercamos rápidamente a muchos de los límites tolerables por el planeta sin sufrir un daño sustancial e irreversible. Suplicaron por una estabilización de la población humana, describiendo cómo nuestra enorme densidad de población -aumentada en 2 mil millones de personas desde 1992, un crecimiento del 35 por ciento- ejerce presiones sobre la Tierra que pueden superar cualquier esfuerzo por lograr un futuro sostenible (Crist et al., 2017). Demandaron que redujéramos las emisiones de gases de efecto invernadero y elimináramos los combustibles fósiles, redujésemos la deforestación e invertiésemos la tendencia hacia el colapso de la biodiversidad.

En el 25 aniversario de su llamamiento, examinamos en retrospectiva esta advertencia y evaluamos la respuesta humana durante este tiempo, analizando los datos de las series temporales disponibles. Desde 1992, con la excepción de la estabilización de la capa de ozono estratosférico, la humanidad no ha logrado progresos suficientes para resolver los desafíos ambientales. Por el contrario, y alarmantemente, la mayoría de ellos han empeorado mucho (figura 1, cuadro suplementario S1). Especialmente preocupantes son la trayectoria actual del catastrófico cambio climático antropogénico debido al aumento de los GEIs por la quema de combustibles fósiles (Hansen et al., 2013), la deforestación (Malhi et al., 2008) y la producción agropecuaria, particularmente de rumiantes para el consumo de carne (Ripple et al., 2014). Además, hemos desencadenado un evento de extinción masiva, el sexto en aproximadamente 540 millones de años, en el que muchas formas de vida actuales podrían ser aniquiladas o al menos ser puestas en peligro de extinción para finales de este siglo.

Estamos dando ahora un segundo aviso a la humanidad, ilustrado por estas alarmantes tendencias (figura 1). Estamos poniendo en peligro nuestro futuro al no reprimir nuestro intenso consumo material, que lo es aunque sea heterogéneo geográfica y demográficamente, y al no percibir el crecimiento rápido y continuo de la población humana como motor primario responsable de muchas amenazas ecológicas e incluso sociales (Crist et al., 2017). Al no estar limitando adecuadamente el crecimiento de la población, reevaluando el papel de una economía basada en el crecimiento, reduciendo los gases de efecto invernadero, incentivando las energías renovables, protegiendo los hábitat, deteniendo la pérdida de biodiversidad ni restringiendo la avenida de especies exóticas invasoras, la humanidad no está tomando las medidas urgentes necesarias para salvaguardar nuestra biosfera amenazada.

Como la mayoría de los líderes políticos responden a la presión, los científicos, los pensadores influyentes a través de los medios de comunicación y la sociedad civil deben insistir en que sus gobiernos tomen medidas inmediatas como imperativo moral con las generaciones humanas actuales y futuras y con el resto de los organismos. A través de una oleada de esfuerzos organizados desde la base, se puede superar una oposición obstinada a no poner solución adecuada y los líderes políticos pueden ser obligados a hacer lo correcto. También es hora de reexaminar y cambiar nuestros comportamientos individuales, incluida la limitación de nuestra propia tasa de reproducción (idealmente al nivel de reemplazo como máximo) y la reducción drástica de nuestro consumo per cápita de combustibles fósiles, carne y otros recursos.

El rápido descenso mundial de sustancias que agotan el ozono durante los últimos años demuestra que podemos lograr cambios positivos cuando actuamos con decisión. También hemos logrado avances en la reducción de la pobreza extrema y el hambre (www.worldbank.org). Otros progresos notables (que aún no aparecen en los conjuntos de datos mundiales de la figura 1) son la rápida disminución de las tasas de natalidad en muchas regiones, atribuible a las inversiones en educación de niñas y mujeres (www.un.org/esa/population), la prometedora disminución de la tasa de deforestación en algunas regiones y el rápido crecimiento del sector de las energías renovables. Hemos aprendido mucho desde 1992, pero el avance de la política ambiental, el de aspectos clave del comportamiento humano y el de las desigualdades sociales mundiales aún están lejos de producirse en la dirección e intensidad mínimas deseables.

La transición hacia la sostenibilidad se lleva a cabo de diversas maneras, pero todas requieren de la presión de la sociedad civil y de la argumentación basada en pruebas, así como de un liderazgo político decidido yuna comprensión sólida de los instrumentos políticos, de los mercados y de otros factores determinantes. Doce ejemplos específicos de pasos diversos y efectivos que la humanidad puede dar incluyen:

1) dar prioridad a la promulgación de reservas conectadas, bien financiadas y bien administradas, que cubran una proporción significativa de los hábitat terrestres, marinos y aéreos del mundo;
2) mantener las funciones de los ecosistemas, deteniendo la degradación de bosques, pastizales y otros hábitat nativos;
3) reconstruir regiones con especies nativas, especialmente depredadores de final de cadena trófica, para reparar daños;
4) desarrollar y adoptar instrumentos políticos adecuados para remediar la diezmación de la biodiversidad, la caza furtiva y la explotación y el comercio de especies amenazadas;
5) reducir la cantidad de alimento desperdiciado mediante la educación y mediante mejores infraestructuras;
6) promocionar cambios en la dieta en pos de una mayoría de alimentos de origen vegetal;
7) reducir aún más las tasas de natalidad, asegurando que las mujeres tengan acceso a servicios voluntarios de planificación familiar, especialmente cuando todavía faltan dichos recursos;
8) aumentar la educación al aire libre y centrada en la naturaleza para los niños , así como fomentar la apreciación de la naturaleza en la sociedad;
9) fomentar la desinversión de inversiones financieras y compras para favorecer un cambio ambiental positivo;
10) idear y promover nuevas tecnologías ecológicas y adoptar masivamente fuentes de energía renovable, a la vez que eliminar los subsidios a la producción de energía mediante combustibles fósiles;
11) revisar nuestra economía para asegurar que los precios, la fiscalidad y los sistemas de incentivos tienen en consideración los costes reales que los patrones de consumo imponen a nuestro ambiente; y
12) estimar un tamaño de población humana sostenible y científicamente defendible a largo plazo, mientras se urge a las naciones y líderes para apoyar este objetivo vital.

Para evitar la miseria generalizada y la pérdida catastrófica de biodiversidad, la humanidad debe practicar una alternativa de vida más sostenible desde el punto de vista ambiental a la que es habitual hoy día. Esta alternativa fue articulada por los principales científicos del mundo hace 25 años, pero en muchos aspectos no hemos escuchado su advertencia. Pronto será demasiado tarde para cambiar el curso de los acontecimientos y alejarlo de una trayectoria fallida; el tiempo se agota. Debemos reconocer, en nuestra vida cotidiana y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra, con toda la vida que alberga, es nuestro único hogar.

Imagen1

Figura 1. Tendencias en el tiempo de las cuestiones ambientales críticas identificadas en este tabajo. Los años anteriores y posteriores a la Advertencia de los Científicos de 1992 se muestran en gris y negro, respectivamente. La Figura 1a muestra las emisiones de los gases de halógeno, asumiendo una constante natural de 0.11 Mt CFC-11-equivalente por año. En el panel (c) se muestra la variación de la tasa de capturas marinas desde mediados de los años noventa; hay que tener en cuenta que, al mismo tiempo, el esfuerzo pesquero ha ido en aumento (Tabla suplementaria S1). El índice de abundancia de vertebrados en (f) se ha ajustado para el sesgo geográfico, pero incorpora relativamente pocos datos de países en desarrollo, donde los estudios son más escasos; entre 1970 y 2012, los vertebrados disminuyeron un 58 por ciento (las poblaciones de agua dulce, marina y terrestre disminuyeron en un 81, 36 y 35 por ciento, respectivamente) (Tabla suplementaria S1). En (h) se muestran las medias de cinco años. En (i), “rumiantes” consiste en ganado bovino, ovejas, cabras y búfalos. Téngase en cuenta que los ejes y no comienzan en cero, y es importante inspeccionar el rango de datos al interpretar cada gráfico. El porcentaje de cambio para cada variable, desde 1992,
supone (a) -68.1%, (b) -26.1%, (c) -6.4%, (d) + 75.3%, (e) -2.8%, (f) 28,9%, (g) + 62,1%, (h) + 167,6%, (i) humanos: + 35,5%; rumiantes + 20,5%. [Considérese, además, que “billion” en inglés americano equivale a “mil millones” en castellano]. Descripciones adicionales de las variables y sus tendencias, así como de las fuentes de la figura 1, se encuentran en la
Tabla suplementaria S1.

Agradecimiento
Peter Frumhoff y Doug Boucher, de la Unión de Científicos Preocupados, así como las siguientes personas, mantuvieron discusiones enriquecedoras, comentarios o compartieron datos para este artículo: Stuart Pimm, David Johns, David Pengelley, Guillaume Chapron, Steve Montzka, Robert Diaz, Drik Zeller, Gary Gibson, Leslie Green, Nick Houtman, Peter Stoel, Karen Josephson, Robin Comforto, Luke Painter, Rodolfo Dirzo, Guy Peer, Peter Haswell y Robert Johnson.

Referencias
Crist E, Mora C, Engelman R. 2017. The interaction of human population, food production, and biodiversity protection. Science 356: 260–264.
Hansen J, et al. 2013. Assessing “dangerous climate change”: Required reduction of carbon emissions to protect young people, future generations and nature. PLOS ONE 8: e81648.
Malhi Y, Roberts JT, Betts RA, Killeen TJ, Li W, Nobre CA, 2008. Climate change, deforestation, and the fate of the Amazon. Science 319: 169–172.
Ripple WJ, Smith P, Haberl H, Montzka SA, McAlpine C, Boucher DH. 2014. Ruminants, climate change and climate policy. Nature Climate Change 4: 2–5. doi:10.1038/nclimate2081

Material suplementario
Agotamiento del ozono, Figura 1a. Durante la década de 1970, las sustancias químicas producidas por seres humanos que agotan el ozono, principalmente clorofluorocarbonos, fueron debilitando rápidamente la capa de ozono. En 1987, los gobiernos del mundo se unieron y firmaron el Protocolo de Montreal de las Naciones Unidas, un intento mundial para abordar esta cuestión. Las emisiones de gases halogenados (sustancias que agotan el ozono y sus fuentes naturales) alcanzaron su punto máximo a finales de los años ochenta, y desde entonces han
disminuido significativamente, gracias al cumplimiento del protocolo (Figura 1a]. El agotamiento global del ozono ya no está aumentando y se espera que ocurra una importante recuperación de la capa de ozono a mediados de este siglo (Hegglin et al., 2014).
Disminución de la disponibilidad de agua dulce, Figura 1b. La disponibilidad per cápita de agua dulce es inferior a la mitad de los niveles de principios de la década de 1960 (Figura 1b, AQUASTAT 2017), existiendo muchas personas en todo el mundo que sufren de falta de agua limpia y fresca. Esta falta de disponibilidad de agua en condiciones es debida casi enteramente al acelerado ritmo de crecimiento de la población humana. Es probable que el cambio climático tenga un impacto abrumador en la disponibilidad de agua dulce a través de la alteración del ciclo hidrológico. En el futuro, la escasez de agua será perjudicial para los humanos, afectando a todo desde agua potable, salud humana o depuración hasta producción de cultivos para la alimentación.
Pesquerías marinas insostenibles, Figura 1c. En 1992, el total de capturas marinas fue igual o superior al rendimiento máximo sostenible y las pesquerías estaban al borde del colapso. Los datos recopilados de series temporales muestran que las capturas pesqueras mundiales alcanzaron un máximo de 130 millones de toneladas en 1996 y han estado disminuyendo desde entonces (Gráfico 1c). Los descensos ocurrieron a pesar del aumento del número de barcos pesqueros industriales y pese a que los países desarrollados se desplazan para pescar en aguas de los países en desarrollo (Pauley Y Zeller 2016, actualizado).
Zonas muertas oceánicas, Figura 1d. Zonas costeras muertas, causadas principalmente por la escorrentía de fertilizantes y el uso de combustibles fósiles, dejan muertas grandes franjas de vida marina. Las zonas muertas con aguas hipóxicas son un factor estresante
sobre los sistemas marinos, y los lugares identificados como tales han aumentado drásticamente desde los años 60, con más de 600 sistemas afectados en 2010
(Figura 1d de Díaz y Rosenberg 2008, actualizada).
Pérdida del bosque, Figura 1e. Los bosques del mundo son cruciales para conservar el carbono, la biodiversidad y el agua dulce. Entre 1990 y 2015, el área forestal total disminuyó de 4.128 a 3.999 millones de hectáreas, con una pérdida neta de 129 millones de ha, que es aproximadamente el tTamaño de Sudáfrica (Figura 1e). La pérdida de bosques ha sido mayor en los países tropicales en desarrollo donde los bosques se están convirtiendo ahora en terreno agrícola (FAO 2015).
Disminución de la biodiversidad, Figura 1f. La biodiversidad del mundo está desapareciendo a un ritmo alarmante y las poblaciones de vertebrados
se están derrumbando rápidamente (World Wildlife Fund 2016). Peces , anfibios, reptiles, aves y mamíferos disminuyeron entre todos un 58% entre 1970 y 2012 (Figura 1f). Aquí mostramos un Índice de Planeta Vivo ponderado por la diversidad que se ha ajustado para el sesgo taxonómico y geográfico teniendo en cuenta el número estimado de especies dentro regiones biogeográficas y la diversidad relativa de especies dentro de ellas (McRae et al., 2017). Las poblaciones de agua dulce, marina y terrestres disminuyeron un 81%, 36% y 35% respectivamente (McRae et al., 2017).
Cambio climático, Figura 1g, Figura 1h. Las emisiones globales de dióxido de carbono provenientes de combustibles fósiles han aumentado considerablemente desde 1960
(Figura 1g, Boden et al., 2017). En relación con el promedio de 1951 a 1980, la temperatura media anual de la superficie, de manera paralela a las emisiones de CO2, también han aumentado rápidamente, como lo demuestra la anomalía de la temperatura media a 5 años (Figura 1h, Instituto Goddard de la NASA para Estudios del Espacio (GISS) 2017). Los 10 años más calurosos en el registro de 136 años se han producido desde 1998. El año más reciente del que tenemos datos, 2016, se sitúa como el más cálido registrado.
Crecimiento de la población, Figura 1i. Desde 1992, la población humana ha aumentado en aproximadamente 2 mil millones de individuos, lo que supone un 35% de cambio (Figura 1i, FAOSTAT 2017). Es improbable que la población humana mundial deje de crecer durante este siglo y hay una alta probabilidad de que la población mundial crezca desde los 7 mil 200 millones de personas hasta entre 9.6 y 12.3 mil millones hacia 2100 (Gerland et al., 2014). Al igual que en la población humana, la población de rumiantes domésticos, que tiene su propio conjunto de impactos ambientales y climáticos, ha aumentado en las últimas décadas a aproximadamente 4 mil millones de individuos en tierra (Figura 1i, FAOSTAT 2017).

Referencias para la Figura 1 y para la Tabla suplementaria S1.
Figura 1a, Hegglin, M. I., D. W. Fahey, M. McFarland, S. A. Montzka & E. R. Nash. 2015. Twenty questions and answers about the ozone layer: 2014 Update: Scientific assessment of ozone depletion: 2014. World Meteorological Organization, Geneva, Switzerland.
Figura 1b, AQUASTAT. 2017. AQUASTAT – FAO’s Information System on Water and Agriculture. http://www.fao.org/nr/aquastat/.
Figura 1c, Pauly, D. & D. Zeller. 2016. Catch reconstructions reveal that global marine fisheries catches are higher than reported and declining. Updated. Nature Communications 7:10244.
Figura 1d, Diaz, R. J. & R. Rosenberg. 2008. Spreading Dead Zones and Consequences for Marine Ecosystems. Updated. Science 321:926–929.
Figura 1e, Food and Agriculture Organization of the United Nations. 2015. Global forest resources assessment 2015. http://www.fao.org/forest-resources-assessment/en/.
Figura 1f, World Wildlife Fund. 2016. Living planet report 2016: risk and resilience in a new era.
McRae, L., Deinet, S. & Freeman, R., 2017. The Diversity-Weighted Living Planet Index: Controlling for Taxonomic Bias in a Global Biodiversity Indicator. PloS one, 12(1), p.e0169156.
Figura 1g, Boden, T. A., G. Marland & R. J. Andres. 2017. Global, regional, and national fossil-fuel CO2 emissions, Carbon Dioxide Information Analysis Center, Oak Ridge National Laboratory. US Department of Energy, Oak Ridge, Tenn., USA 2009. doi 10.3334/CDIAC 1.
Figura 1h, NASA’s Goddard Institute for Space Studies (GISS). 2017. Global Temperature.
https://climate.nasa.gov/.
Figura 1i, FAOSTAT. 2017. FAOSTAT Database on Agriculture.

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La tesis defendidas en este texto, tanto como las defendidas en la versión original de hace un cuarto de siglo (http://actionbioscience.org/esp/ambiente/worldscientists.html), coinciden con las que manifiesta el ecosocialismo, que aquí en España respaldan personas como Carlos Taibo o Jorge Riechmann. Éstas representan la antítesis del ecofascismo, que es la ideología que anima abiertamente al exterminio de gran parte de la población, para beneficio de las élites. El ecosocialismo postula todo lo contrario, es decir, busca la manera de que toda la población actual, por desmesurada que sea, pueda vivir bien, pero de una manera sostenible. En todo caso, para lograrlo hay que prevenir que el ritmo de crecimiento poblacional siga siendo el que es ahora mismo. Como es natural, donde debe decrecer más es donde no lo ha hecho todavía. La única vía de plantear soluciones viables al enorme problema actual que representa la presión humana sobre la Tierra no pasa más que por enfrentarse directamente con él, elaborando diagnósticos certeros y asumiendo las consecuencias.

Las propuestas ecosocialistas propugnan también lo contrario de lo que están favoreciendo en este momento los gobiernos de derecha, ya sean neoliberales o socialdemócratas, aunque no lo hagan de forma tan vehemente o explícita. Los doce puntos propuestos en el documento que se recoge aquí han sido contestados uno por uno por el PP español, por poner el ejemplo que más de cerca nos toca, que ha lanzado medidas total o parcialmente opuestas durante las dos últimas legislaturas (por no citar lo ocurrido anteriormente). A eso me refiero cuando afirmo reiteradamente que gobiernos como el del PP abogan por políticas claramente insostenibles, por más que se llenen la boca de soflamas a favor de la sostenibilidad. Algo que, por otro lado, también hace el PSOE, aunque con algo más de disimulo.

Por otro lado, el documento que se discute aquí es más directamente aplicable a aquellas sociedades donde la democracia está más arraigada y el pueblo tiene cierto poder de decisión a través de sus representantes. La presión sobre el estamento político, por la que aboga el manifiesto, solo es posible cuando el nivel de conciencia, o educación, ambiental es suficiente; en España estamos muy lejos de haber alcanzado una situación como esa, de manera que el ciudadano medio puede calificarse sin ambages de semianalfabeto ambiental. Por otro lado, una presión sobre el estamento político solo produce resultados apreciables en sociedades democráticamente maduras. Aquí ya se ve la presión que puede ejercerse, virtualmente cero, cuando tras cientos de escándalos de corrupción manifiestos prácticamente todos los cargos han esquivado los efectos de la justicia y siguen campando por sus respetos. El ciudadano está completamente al margen de la toma de decisiones, y además de eso se manifiesta totalmente intoxicado por la potente propaganda pro institucional (dado su penoso grado de instrucción, de la que el espíritu crítico brilla por su ausencia).

¿Qué pensar, pues, de las reacciones que pueden tener sociedades del mundo preindustrial, aquellas explotadas prioritariamente por el neocolonialismo de los países más industrializados, que son mayoritarias? Un manifiesto como éste, ¿nace con vocación de éxito o ha sido producido por aquellos científicos que, conscientes de la extrema gravedad del problema, quieren al menos dejar su conciencia tranquila?

La extinción masiva pérmico-triásica

La última vez que los océanos se volvieron muy ácidos rápidamente, se extinguió el 96% de la vida marina. El mayor evento de extinción masiva en la historia del planeta, een el límite Pérmico-Triásico, fue impulsado por la rápida acidificación de nuestros océanos. La vida marina casi desapareció desde la base de la cadena alimenticia hasta lo alto de ésta de la cantidad de carbono que fue liberado a la atmósfera y de la cantidad de éste que absorbieron los océanos, en un periodo muy breve de tiempo.

M. O. Clarkson, A. Kasemann, R. A. Wood, T. M. Lenton, S. J. Daines, S. Richoz, F. OhnemuellerA. MeixnerS. W. Poulton & E. T. Tipper, 2015. Ocean acidification and the Permo-Triassic mass extinction. Science 348 (6231), 229-232. DOI: 10.1126/science.aaa0193 (http://science.sciencemag.org/content/348/6231/229)

Redes múltiples de interacción: la trama de la vida

Multiple interactions networks: towards more realistic descriptions of the web of life

David García-Callejas, Roberto Molowny-Horas & Miguel B. Araújo (2017). Oikos. doi/10.1111/oik.04428

“Las comunidades ecológicas están definidas por especies que interactúan dinámicamente en un lugar dado en un momento dado, y pueden representarse convenientemente como redes de interacciones. Las interacciones entre parejas de especies pueden atribuirse a uno de cinco tipos principales, dependiendo de su resultado para las especies involucradas: amensalismo, antagonismo (incluyendo depredación, parasitismo y patogenicidad), comensalismo, competencia o mutualismo. Mientras que la mayoría de los estudios han tratado hasta ahora redes que afectan a un solo tipo de interacción, a menudo centrándose en un clado o gremio específico, se están desarrollando estudios recientemente que consideran redes con más de un tipo de interacción a través de varios niveles de organización biológica. Se revisan estos desarrollos y se sugiere que hay tres marcos principales postulados para investigar las propiedades de las redes de múltiples interacciones: “redes tróficas expandidas”, “redes multicapa” y “redes de igualdad de condiciones”. Difieren en cómo las interacciones se clasifican y aplican en los modelos matemáticos, y en si el efecto de diferentes tipos de interacción se expresan en las mismas unidades biológicas. Analizamos los supuestos matemáticos y ecológicos de estos tres enfoques e identificamos algunas de las preguntas que se pueden abordar con cada uno de ellos. Dado que la inmensa mayoría de los estudios sobre interacciones múltiples son teóricos y usan datos generados artificialmente, también proporcionamos recomendaciones para la incorporación de datos de campo en dichos estudios.”

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Si no se entiende mínimamente bien la trama de la vida no pueden abordarse con ciertas garantías de éxito los problemas fundamentales de la Conservación Biológica.

 

La escala espacial de la coexistencia de especies

The spatial scales of species coexistence

Simon P. Hart, Jacob Usinowicz & Jonathan M. Levine. Nature Ecology & Evolution 1, 1066–1073 (2017). doi:10.1038/s41559-017-0230-7

https://www.nature.com/articles/s41559-017-0230-7

“Entender cómo se mantiene la diversidad de especies es un problema fundamental en ecología y un requisito esencial para que la disciplina sea eficaz como ciencia aplicada. La comprensión de este problema por parte de los ecólogos ha madurado rápidamente, aunque se ha puesto en evidencia una profunda incertidumbre acerca de las escalas espaciales necesarias para mantener la diversidad de especies. Definimos y desarrollamos este vacío proponiendo la relación coexistencia-área, una relación real presente en la naturaleza que puede utilizarse para comprender los determinantes del mantenimiento de la diversidad de la dependencia de escala. La relación entre la coexistencia y el área motiva nuevas técnicas empíricas para abordar problemas importantes no resueltos sobre la influencia de la estocasticidad demográfica, la heterogeneidad ambiental y la dispersión en los patrones de diversidad dependientes de la escala. Al hacerlo, este marco refracta sustancialmente los enfoques actuales para extender el mantenimiento de la diversidad en la naturaleza y debería mejorar la contribución de la ecología comunitaria a la conservación de la biodiversidad.”

Puede ser un artículo clave, y solo el tiempo lo determinará.

 

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Figure 1: The coexistence–area relationship

Animalismo y preservación de muestras de invertebrados

La generalización de las ideas de corte animalista ha conducido a un mayor respeto por la vida animal durante los últimos años. Este es un hecho indudable, que no puede negarse. Pero al mismo tiempo, como es usual, y más en unos tiempos convulsos y rápidamente cambiantes, un sector de la población ha pasado a adoptar posturas integristas. Hace un par de décadas, nadie dudaba de la necesidad de tomar muestras de determinados grupos de invertebrados para estudiarlas en el laboratorio, con objeto de identificarlas taxonómicamente. Identificar un individuo es una tarea esencial, porque un nombre encierra tras de si una gran cantidad de información biológica; pensemos lo importante que es, por ejemplo, identificar bien una plaga para poderla controlar, por solo poner un ejemplo. Hoy, sin embargo, grupos numerosos de interesados en los invertebrados no solo ven con malos ojos que se maten ejemplares para su estudio, sino que algunos ni siquiera dudan en menospreciar, insultar e incluso amenazar a quienes lo hacemos. No es cuestión de matar por matar, y cada individuo sacrificado no solo debe sufrir lo menos posible, sino además ser conservado adecuadamente. Además, desde un punto de vista demográfico, el daño que puede causar la recolección de invertebrados es absolutamente despreciable no ya en relación a las bajas que de manera habitual producen los enemigos naturales, sino al causado por aquellas presiones antrópicas que son reconocidas por los científicos como realmente impactantes sobre los invertebrados: la fragmentación y deterioro de los hábitat, el desplazamiento por las especies invasoras, la sobreexplotación contínua de aquellas especies de interés industrial, las cadenas de extinción y el cambio climático. El coleccionismo, sea científico o no, no ha supuesto amenaza más que en algún caso concreto de especies con poblaciones muy reducidas y muy poco móviles. El integrismo no deja de ser, como de costumbre, un recurso último, propio de individuos que no tienen otros.

Gutiérrez, E. E., & Pine, R. H. (2017). Specimen collection crucial to taxonomy. Science, 355(6331), 1275-1275, http://science.sciencemag.org/content/355/6331/1275.

“En su carta “Las fotos deben contemplarse en el Código [Internacional de Nomenclatura Zoológica]” (24 de febrero, p. 805), A. R. S. Garraffoni y A. V. L. Freitas argumentaron que, debido al problema planteado por los organismos cuyas características diagnósticas se deterioran rápidamente después de la conservación de los ejemplares, una versión revisada del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica debería permitir descripciones taxonómicas de especies recientemente descubiertas basadas meramente en fotografías o videos, sin ejemplares conservados. Las preocupaciones expresadas por Garraffoni y Freitas son legítimas; sin embargo, su solución sugerida al problema ignora los efectos nocivos de las descripciones taxonómicas que no se basan en especímenes preservados. Estas descripciones pueden obstruir el progreso científico, y los críticos las consideran inadecuadas, innecesarias y potencialmente dañinas para las ciencias biológicas (L. M. P. Ceríaco et al., Zootaxa 4196435 (2016).