Uso frente a conservación

El uso de los recursos naturales y la conservación de la biodiversidad son dos aspectos de la gestión ambiental que deben ir de la mano. En España, país con escasa tradición en materia de conservación y con unos niveles de educación ambiental muy bajos, ambas actividades están peleadas la mayor parte de las veces. El siguiente artículo de Cristina Álvarez Vaquerizo, abogada ambientalista, es muy revelador de hasta qué punto el colectivo de personas que está detrás de una de ellas resulta favorecido y el que está detrás de la otra, perseguido:

Que suerte tienen los cazadores

http://www.efeverde.com/blog/creadoresdeopinion/suerte-cazadores-por-cristina-alvarez-baquerizo-abogada-ambientalista/

“A lo largo de mi ejercicio profesional he trabajado con  ecologistas o  conservacionistas, y también con cazadores. Y como en los últimos meses existe algo parecido a un debate entre unos y otros, he tenido ocasión de repasar mis opiniones al respecto. Creo que todos coincidiremos en que es imprescindible un entendimiento entre esos sectores. Porque la caza es una actividad que se desarrolla en el medio natural, que precisa de unas especies de fauna, e influye en otras. Su existencia debe ser tenida en cuenta, y debe estar bien regulada.

Eso querría  decir que todos estos sectores debieran sentirse cómodos, y que la actividad de la caza debería  arrojar un balance positivo para todos, lo que no esta ocurriendo hoy.

La razón por la que ese dialogo no esta funcionando es que entre ecologistas o conservacionistas y cazadores, existe un claro desequilibrio a favor de los cazadores, que son, desde mi punto de vista y de lejos, el sector mas afortunado de los que he citado.

Veamos:

Los cazadores mueven muchísimo dinero. Según José Luis Garrido Martín Director General de FEDENCA – en una publicación subvencionada presentada en un foro subvencionado[1]– el dinero generado por la acción de cazar las especies de caza menor  alcanzaría los 741.000.000 €, mientras que el inducido por la caza mayor es de 303.359.650 €. Aquí tenemos una formidable cantidad, que dota a los cazadores de un innegable protagonismo en la economía y el desarrollo rural. Pero, vaya, eso no parece repercutir como debiera en el bienestar común, ya que en realidad, y según la misma fuente  la caza es una actividad con muchas facetas de economía oculta” (sic). La razón de que no se sepa exactamente cuanta economía oculta sobrevive en la caza, es la falta de datos. Podría hacerse una encuesta, claro, como en otros países, pero parece que eso aquí no funcionaria  sino que serian “encuestas que proporcionarían muchos datos estimados y, por tanto, también de fiabilidad limitada (sic). Vamos, que debemos suponer que se dirían mentiras. Se han dedicado muchos esfuerzos a investigar sobre como aflorar el dinero oculto o al menos cuantificarlo, incluso han existido iniciativas parlamentarias como el grupo que en 2003 se ocupó del asunto coordinado por la secretaría técnica del Grupo Parlamentario del Partido Popular, y con la participación muy activa de la Real Federación Española de Caza (RFEC). Pero nada, no aflora. “La mayoría de las partidas son pagadas por los cazadores sin recibir ninguna factura al respecto. Con carácter general, los pagos por cacerías, que es la partida más grande del estudio citado, no disponen de ningún registro contable ni declaración a la hacienda pública” (sic)

Conservacionismo, fondos auditados

En cambio, los grupos conservacionistas mueven bastante menos dinero. Y esos fondos, son exhaustivamente auditados, certificados, publicados, examinados y debatidos. Son tan transparentes que hasta Jara y Sedal puede publicarlos. Si una ONG no actuase de ese modo, (aunque algunas de ellas no aceptan subvenciones o contratos públicos) no recibiría  un euro de ningún ente ni publico ni privado. Ningún ciudadano pagaría cuota alguna. Esa es la primera razón por la que creo que los cazadores tienen mucha suerte y se ahorran mucho papeleo y un pastizal de impuestos que los ecologistas tienen que pagar. Primer desequilibrio.

Los cazadores se apropian de recursos que no son suyos. La verdad, aunque se nos olvida con frecuencia, es que salvo en el caso de las granjas cinegéticas, lo que los cazadores capturan o matan son animales que no les pertenecen. Tampoco nos pertenecen a los demás, ni son comunes. Según el derecho, la fauna silvestre sigue siendo “res nullius”, es decir, no tienen dueño. Pero una vez, por ejemplo, que una finca se ha vallado, para que los venados no se escapen, los propietarios del coto y los cazadores actúan como si esos venados fuesen suyos. Y además, los gestionan, podríamos decir “los cuidan”. Y… ¿a nadie se le mueve un músculo mental pensando esto? Porque si alguien se apropia de un animal, lo alimenta y le facilita la vida para obtener de el un beneficio, ese alguien es un ganadero,  no un cazador. Los cazadores y los dueños de acotados se escabullen de esa acepción y se ahorran la pesadilla burocrática de la legislación ganadera. Un chollo. Ni registros, ni guías, ni condiciones zoosanitarias, ni, por supuesto, bienestar animal. Después de todo, los animales no son suyos. En cambio, los ecologistas trabajan con las poblaciones de fauna silvestre a favor de su recuperación poniendo sus recursos y medios en favor de algo que ven como realmente común, de lo que no tienen la menor intención de apropiarse. Y no se quedan con nada. Segundo desequilibrio.

Los cazadores y la Ley. Según fuentes fiables como las memorias de la Fiscalía Coordinadora de Medio Ambiente y Urbanismo[2], y los Informes anuales del Seprona, los delitos e infracciones ambientales en general disminuyen excepto los cometidos contra la fauna, y dentro de esta, los cometidos por el ejercicio de la caza. La batalla en torno a los métodos ilegales de caza se esta dando en dos planos; por un lado, se están modificando las leyes para tratar de legalizar métodos de caza no selectivos o crueles, mientras que por otra parte se están usando ilegalmente en la practica. Se siguen colocando crecientemente cepos, se sigue empleando el veneno. Últimamente se vuelven a ver disparos contra especies amenazadas. Los ecologistas, sin embargo, se ven obligados a un respeto estricto de la legalidad en todas sus actuaciones. Y además, y muy a su pesar, se ven obligados a actuar muchas veces como asesores gratuitos  de las administraciones publicas (actividad bien diferente al lobby, ya nos gustaría), porque estas, en definitiva cambian cada cuatro años y siempre se están empezando a enterar cuando se van, así que si, los ecologistas, que no cambiamos cada cuatro años, debemos conocer la ley y debemos enseñar a los demás como aplicarla.  Tercer desequilibrio

Yo no se ustedes pero yo diría que un colectivo tan afortunado como el de los cazadores, que maneja dinero en economía  oculta que no tributa, emplea para un uso privativo recursos que no le pertenecen y además incumple la ley con frecuencia, debería mostrarse humilde cuando se refiere a los ciudadanos que directamente o a través de las organizaciones que les representan, expresan sus posiciones sobre el mejor modo de proteger la naturaleza. Mostrarse humilde y debatir con alguna clase de elegancia moral. Estamos muy necesitados de ello, además.


[1] “La Caza, Sector económico” Ponencia presentada en el Foro de la Real Federación Española de Caza sobre “La responsabilidad de los accidentes de tráfico con fauna silvestre” en Madrid, el 6 de junio de 2012

[2] Véase en particular la de 2013.”

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Las contribuciones de la naturaleza a la vida de las personas

Acaba de publicarse un artículo muy interesante, y con múltiples derivaciones para ser discutidas: Assessing nature’s contributions to people (Evaluación de las contribuciones de la naturaleza a las personas).

http://science.sciencemag.org/content/359/6373/270.full

“Un desafío importante, presente y futuro, es mantener o mejorar las contribuciones beneficiosas del medio natural a una buena calidad de vida de todas las personas. Esta es una de las motivaciones clave de la Plataforma intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), un esfuerzo global conjunto de gobiernos, instituciones académicas y sociedad civil para evaluar y promover el conocimiento de la biodiversidad y los ecosistemas de la Tierra y su contribución a las sociedades humanas, con objeto de documentar la formulación de políticas. Uno de los elementos clave más recientes del marco conceptual de IPBES es la noción de contribuciones de la naturaleza a las personas (PNC), que se basa en el concepto de servicio ecosistémico popularizado por el informe Evaluación de Ecosistemas del Milenio (EM). Pero como se detalla, el NCP definido y puesto en práctica en IPBES difiere del trabajo desarrollado anteriormente en esta línea de varias maneras importantes. En primer lugar, el enfoque de PNC reconoce el papel central y omnipresente que desempeña la cultura en la definición de todos los vínculos entre las personas y la naturaleza. En segundo lugar, el uso de NCP eleva, da énfasis y hace operativo el papel del conocimiento indígena y local en la comprensión de la contribución de la naturaleza a las personas.”

Abejas, polinización, servicios ecosistémicos y declive: de la especulación a los hechos

En los últimos años, y en parte debido a la proliferación del síndrome de abandono de las colmenas por parte de las abejas domésticas y al descubrimiento del efecto letal sobre las abejas de los insecticidas neonicotinoides, se ha organizado un movimiento en defensa de las abejas domésticas que asume de manera incorrecta que éstas fueran no ya desproporcionadamente importantes en su papel de polinizadoras de plantas domésticas y silvestres en relación con otras especies de abejas, mariposas, polillas, escarabajos, trips o dípteros, sino que parece que defiende que las abejas domésticas fueran la clave del funcionamiento de los ecosistemas. Nada más lejano de la realidad. Hace unos años, Ignasi Bartomeus tomó la iniciativa de redactar una nota para la revista de divulgación Quercus, que firmanos 35 ecólogos bajo el nombre de Grupo Ecoflor, al que pertenecemos, en el cual se comentaban los cinco conceptos fundamentales que se estaban entendiendo mal por periodistas y ciudadanos (http://www.revistaquercus.es/noticia/6485/opinion/el-declive-de-las-abejas:-cinco-conceptos-mal-entendidos.HTML; véase https://verdencina.wordpress.com/2016/03/02/el-declive-de-las-abejas/). Ahora, acaba de aparecer un artículo de investigación que documenta, en forma de metaanálisis, el papel de la abeja doméstica, que globalmente no es ni mucho menos tan importante como muchos defienden.

The worldwide importance of honey bees as pollinators in natural habitats

Keng-Lou James HungJennifer M. KingstonMatthias AlbrechtDavid A. HolwayJoshua R. Kohn

(http://rspb.royalsocietypublishing.org/content/285/1870/20172140)

Resumen: “La abeja melífera occidental (Apis mellifera) es el visitante floral más frecuente de los cultivos en todo el mundo, pero el conocimiento cuantitativo de su papel como polinizador fuera de los hábitat fuertemente antropizados es en gran parte deficiente. En este trabajo se utiliza un conjunto de datos globales de 80 redes de interacción de planta-polinizador publicadas, así como medidas de efectividad de polinizadores de 34 especies de plantas, para evaluar la importancia de A. mellifera en hábitats naturales. Apis mellifera es el visitante floral más frecuente en hábitat naturales de todo el mundo, con un promedio del 13% de visitas florales en todas las redes (rango 0-85%), con un 5% de especies de plantas registradas visitadas exclusivamente por ella. En el 33% de las redes y el 49% de las especies de plantas, sin embargo, nunca se observó la visita de A. mellifera, lo que demuestra que muchos taxones y agregados de plantas con flores siguen dependiendo de los visitantes florales que no son A. mellifera para su polinización. Las visitas a Apis mellifera fueron más altas en climas más cálidos y menos variables y en el continente frente a lugares insulares, pero no difirieron entre las áreas para las que es nativa frente a aquellas donde está intorducida. Con respecto a la efectividad de la polinización en una sola visita, A. mellifera no difirió del promedio de visitantes florales diferentes a A.  mellifera, aunque generalmente fue menos efectiva que el polinizador distinto de A. mellifera más efectivo. Estos resultados abogan por trabajar para conseguir una comprensión más detallada cómo A. mellifera configura la ecología, la evolución y la conservación de las plantas, los polinizadores y sus interacciones en los hábitat naturales, así como cuáles pueden ser las consecuencias a este respecto en función de los posibles cambios futuros en su rango de distribución y abundancia.”

Este artículo ha tenido una gran repercusión en los medios, como era de esperar. Sin embargo, muchos de estos afirman equivocadamente y de manera simplista que  las abejas melíferas europeas son el polinizador más importante del mundo, lo que no es cierto. Las cosas no son tan sencillas como a veces se pretende.

 

La sexta extinción

La extinción de especies está llegando a un punto crítico

(http://www.ambientum.com/boletino/noticias/La-extincion-de-especies-esta-llegando-a-un-punto-critico.asp?utm_campaign=11032015not&utm_medium=email&utm_source=newsnoticias)

“La extinción de especies urge más que el cambio climático y como tal, precisa de una actuación más rápida.

En una entrevista con EFE, Gerardo Ceballos asegura que el cambio climático es muy grave pero es un problema más a largo plazo. Sin embargo, la Tierra se encuentra “ya inmersa en la sexta extinción masiva de seres vivos, provocada por el hombre”, lo que acarreará la desaparición de numerosas especies, que alterarán las funciones biológicas de los ecosistemas.

El humano erosiona el tejido ambiental que permite la vida en la tierra”, afirma Ceballos . Para el ecólogo (México 1958), las especies que se deberían haber perdido en los últimos 10.000 años lo han hecho en apenas 100 años, y lamenta “la rapidez con la que se pierden poblaciones”.

Cifras

Preocupado por el futuro de las especies, alerta de que los últimos estudios sobre extinciones arrojan cifras preocupantes: el 30 % de los vertebrados están reduciendo sus poblaciones, alrededor de 177 mamíferos han perdido el 30 % su hábitat y el 50 % de animales que vivieron en la Tierra, desde sus orígenes hasta ahora, ha desaparecido. A su juicio, de continuar esta tendencia, la humanidad será testigo de una “aniquilación biológica” y aunque es consciente de que utiliza una “expresión fuerte”, afirma que sería poco ético, desde su papel como científico, no advertir a la población de la realidad que está ocurriendo.

Ceballos, recientemente galardonado con el Premio Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad en Latinoamérica, ha dedicado casi toda su vida a estudiar el jaguar, el felino más grande del continente americano y el tercero más grande del mundo. Su presencia en los bosques marca la salud del ecosistema, porque “donde hay jaguares hay vida”, y si se mantiene el jaguar se estará preservando el 60 % de toda la biodiversidad de México. Además, la reducción del impacto de algunas actividades, como la caza o el uso de plaguicidas, afecta de manera positiva a la mayoría de las poblaciones de fauna, no sólo al jaguar, que se recuperan más fácilmente porque son muy resilientes.

España

En este punto, el catedrático declara seguir muy atento a los esfuerzos que se realizan en España en tareas de conservación, sobre todo en lo referido a las especies más relevantes como el lince, águilas, lobos y osos. A su juicio, el esfuerzo que España ha hecho para salvar al lince es fundamental y a pesar de los problemas que se plantean se debería seguir actuando en esa misma línea.

“Sí se perdiera el lince sería un pésimo ejemplo y una pésima noticia a nivel internacional, pero sobre todo sería muy malo para España” y aboga por que nuestro país debería “articular de manera más ambiciosa y global” un programa de recuperación de ecosistemas y especies.

Ceballos sugiere definir un marco de actuación que englobe los compromisos de conservación de la naturaleza en España a largo plazo lo que revertiría en una gran oportunidad para convocar a todos los sectores de la sociedad y sentar las bases para mantener la biodiversidad. Es importante mantener la biodiversidad por su propio valor y por el buen funcionamiento de la naturaleza porque la conservación biológica bien gestionada puede ser un elemento económico solido, concluye el ecólogo.

Ecoturismo

¿Hasta qué punto es aconsejable y sensato promocionar el llamado “ecoturismo”, que consiste en ir en masa al campo a tratar de observar la fauna silvestre en lugares poco transitados, lo cual a veces genera una huella ambiental considerable, o hay más bien que centrar la atención en visitar zonas mucho más empobrecidas y tratar de concienciar al ciudadano de la importancia clave de la conservación de la diversidad biológica? ¿Tienen sentido frases como ésta?: “Ver en libertad al lince ibérico, al oso pardo, al lobo o aves casi exclusivas de la península Ibérica (el águila imperial o el buitre negro) es uno de los mejores reclamos para los ecoturistas. Los ecoturistas representan ya el 15 % de los viajeros del mundo, un porcentaje similar en España, en cuyos recursos naturales ponen el foco estos días numerosos operadores internacionales”, leída en http://www.ambientum.com/boletino/noticias/Ecoturismo-Viajes-de-autor.asp?utm_campaign=11032015not&utm_medium=email&utm_source=newsnoticias? Desde el punto de vista de la sostenibilidad ambiental, ¿tiene sentido plantearse el ecoturismo como un negocio, o es tirar piedras contra nuestro propio tejado? ¿Es admisible esto otro, leído en el mismo lugar?: “Operadores nacionales y extranjeros y numerosas empresas españolas han convertido el II Congreso Nacional de Ecoturismo en un “tablero de negocios” para conocer los servicios que prestan esas empresas y comercializarlos en el exterior.”

¿Es esto lo que se persigue?

La realidad de la Conservación Biológica

Un comentario reciente en Nature Ecology & Evolution (https://www.nature.com/articles/s41559-017-0345-x.epdf) discute la idea de que la “complacencia de evidencia” (en realidad, acomodo a lo que en un momento se piensa que ocurre, en función de pruebas circunstanciales) obstaculiza el uso de la investigación científica en la práctica de la Conservación Biológica. Otro artículo más reciente (https://www.nature.com/articles/s41559-017-0345-x.epdf) responde a esto sugiriendo que el problema es más complejo. Yo creo que es cierto, es mucho más complejo.

En realidad, éste es uno de los nudos gordianos de la Conservación Biológica, si no el mayor de todos. Contemplar la complejidad de los procesos naturales en la toma de decisiones es fundamental para que las medidas que se apliquen sean efectivas con una probabilidad alta, pero la necesidad de adoptar medidas con urgencia impide muchas veces considerar dicha complejidad como es debido. Con lo cual, la práctica de la Conservación se convierte de hecho en un compromiso entre la aplicación del método científico y la experiencia de quien propone las medidas a adoptar. Naturalmente, hay también malos biólogos de la Conservación que se limitan a acomodarse al ensayo y error o que se guían por la simple interpretación inductiva, construyéndose modelos supuestamente explicativos sobre la base de una o unas pocas observaciones más o menos circunstanciales.

El declive de los insectos

Hoy se ha publicado en El País un artículo sobre el impacto de la crisis de extinción actual sobre los insectos (https://elpais.com/elpais/2017/09/19/ciencia/1505835144_925754.html). Al margen de los errores formales habituales en este tipo de artículos, está bien que de vez en cuando se ponga la atención en los problemas verdaderamente importantes, y no en si un señor dice que esto es ilegal porque le conviene y el otro diga que es legal por lo mismo. La situación es muy seria, como venimos denunciando desde círculos conservacionistas desde hace ya mucho tiempo, y la educación ambiental muy pobre. Por su interés innegable, lo copio entero a continuación:

Adiós a los insectos de tu infancia

Cada vez hay menos saltamontes, grillos, abejas y mariposas porque muchas de estas especies, que polinizan el 84% de las plantas que sirven de alimento, están amenazadas

Javier Rico

“¿Hace cuánto que no ves un saltamontes en tu paseo dominical por el campo, escuchas a los grillos desde el porche o ves una luciérnaga en una caminata nocturna por un camino rural? La sensación de estar perdiendo esta fauna que tantas generaciones asocian con su infancia, es más que eso, es una realidad. Y lo que es peor, junto a estos animales van desapareciendo, además, elementos básicos para el sustento de numerosos ecosistemas de los que dependemos todos los seres vivos.

“No solo es una sensación popular, es algo que percibimos todos los entomólogos que salimos a hacer trabajos de campo y a investigar; el descenso del número de individuos de prácticamente todos los insectos es brutal”. Lo confirma Juan José Presa, catedrático de Zoología de la Universidad de Murcia y coautor de uno de los muchos informes y estudios recientes que ponen cifras a la disminución de artrópodos.

Dicho estudio, de principios de año y surgido de la colaboración entre la Unión Europea y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), destaca que casi un tercio de las especies de ortópteros evaluadas (saltamontes, grillos y chicharras, entre otros) están amenazadas, algunas en peligro de extinción.

Wolfgang Wägele, director del Instituto Leibniz de Biodiversidad Animal (Alemania) habla, junto a otros colegas, en Science del “fenómeno parabrisas”, por el cual los conductores pasan menos tiempo limpiando sus coches de la miríada de insectos que antes morían estrellados contra cualquier punto de la carrocería. Los investigadores citados en el artículo son conscientes del descenso generalizado, a pesar de reconocer, como el resto de la comunidad científica, que es muy difícil establecer datos más precisos del declive de las poblaciones por la variedad de especies, distribución y número de individuos.

En Science se cita el caso de la Sociedad Entomológica de Krefeld, en Alemania, cuyas visitas al campo han constatado que la biomasa de insectos que queda atrapada en sus diferentes métodos de captura ha disminuido un 80% desde 1989. Presa lo lleva al terreno de sus observaciones de campo en la provincia de Pontevedra: “Antes conseguíamos atraer a infinidad de mariposas nocturnas con las trampas de luz, ahora entran muy pocas”.

“Aproximadamente tres cuartas partes de las especies de mariposas en Cataluña, y esto puede ser extrapolable al resto de España, están en declive y esto es incontestable”. Constantin Stefanescu, del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals y el Museu de Ciències Naturals de Granollers (Barcelona), llega a esta conclusión tras más de dos décadas de trabajos de campo y estudiar junto a otros investigadores a 66 de las 200 especies presentes en Cataluña. “La reducción es alarmante y aumenta cada año. Asustan, además, los datos de 2015 y 2016, los más bajos desde 1994”, apostilla Stefanescu.

Ignacio Ribera, del Instituto de Biología Evolutiva, centro mixto del CSIC y la Universitat Pompeu Fabra, especialista en entomofauna de hábitats subterráneos y acuáticos, menciona otras dos especies que han estado presentes en la infancia de muchas generaciones: las libélulas y los zapateros, estos últimos son hemípteros de largas patas que se deslizan sobre la superficie del agua y que en algunos lugares se les llama aclaradores. “Cuando canalizan un río, desecan una charca o tapan una rambla –afirma el investigador– este tipo de insectos, entre otros, desaparecen”. Hace diez años, la UICN ya avisaba de que “las libélulas amenazadas de la cuenca mediterránea necesitan una acción urgente para mejorar su estado”.

La transformación y destrucción del hábitat es sistemáticamente señalada en todos los estudios como la principal causa de esta hecatombe que nos afecta muy directamente a las personas. Se pudo ver con el efecto que ocasionan determinados insecticidas (neonicotinoides) sobre las poblaciones de abejas, responsables de la polinización de numerosas plantas, incluidas el 30% de las que nos sirven de alimento. En general, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, “alrededor del 84% de los cultivos para el consumo humano necesitan a las abejas o a otros insectos para polinizarlos y aumentar su rendimiento y calidad”.

Las consecuencias sobre las redes tróficas que sustentan todo tipo de ecosistemas, también los agrarios, ganaderos y forestales, pueden ser fatales. Hay que pensar que la fauna invertebrada también actúa como controladora de plagas y alimento esencial del resto de animales. Stefanescu recuerda que “muchas aves se alimentan de las orugas de las mariposas que precisamente están en declive y numerosas avispas y moscas dependen también de las fases de larva y crisálida de los lepidópteros”.

Pero la destrucción del hábitat (urbanismo, agricultura intensiva, turismo…) no actúa sola como elemento distorsionador, también el abandono del campo y el cambio climático contribuyen a abonar este inquietante camino. Los científicos citan, por ejemplo, la alteración de los períodos de sincronía entre la floración de las plantas y la llegada o eclosión de los insectos.

El problema es que el ritmo de protección es mucho más lento que el de declive, por el desconocimiento preciso que se tiene de las poblaciones y por la menor relevancia, aparente, que tienen los insectos. El catálogo nacional de especies amenazadas solo incluye 90 especies de invertebrados, de los cuales 35 son insectos y únicamente 17 (ocho vulnerables y nueve en peligro de extinción) tienen una categoría de amenaza que permite activar planes de recuperación. La Comunidad Virtual de Entomología estima en 38.311 el número de especies de insectos en la península ibérica.

El Atlas y libro rojo de los invertebrados amenazados de España propone para la península ibérica como vulnerables 69 especies de insectos, 30 en peligro de extinción y tres en peligro crítico. Mientras tanto, Juan José Presa advierte: “Es muy posible que, ahora mismo, tras un incendio o una fumigación intensiva de cultivos, estemos perdiendo a especies que ya estaban muy tocadas”.
(¿Y LOS GORRIONES, LAGARTIJAS, RANAS Y SALAMANDRAS?
J. R.
El efecto es generalizado. Cualquier conversación con gente del campo sobre la biodiversidad que les rodea suele contener la frase “por aquí antes se veían más pájaros”. Y también se encontraban, y capturaban con todo tipo de artilugios, lagartijas, se oía más a menudo el croar de las ranas y se disfrutaba con el deambular de las vistosas salamandras entre pozos, charcas y acequias. Hasta al otrora muy abundante y ubicuo gorrión común se le echa en falta. La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) ha constatado en sus censos las disminuciones de aves comunes como gorriones, golondrinas, perdices y tórtolas, todas ellas protagonistas de veranos más biodiversos.
Los incendios, la sequía y el fenómeno que multiplica estos dos efectos, el cambio climático, están detrás de las disminuciones de reptiles como las lagartijas y de anfibios como la rana común y la salamandra. Un análisis de 539 estudios científicos en el que participaron investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN/CSIC) permitió concluir que el 65% de las 313 especies de estos dos grupos evaluadas sufre los efectos negativos del cambio climático. En 2013, un estudio de la misma institución científica confirmaba que el calentamiento global disminuye la eficacia de las señales sexuales en la lagartija carpetana, especie considerada en peligro de extinción.)

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En el artículo se vinculan algunos textos importantes que ilustran sobre el declive drástico de las poblaciones de insectos. Por ejemplo, http://www.sciencemag.org/news/2017/05/where-have-all-insects-gone, cuya referencia original es Vogel, G. 2017. Where have all the insects gone? Science, 356: 576-579. doi: 10.1126/science.356.6338.576. O http://blog.creaf.cat/es/noticias/el-70-de-las-mariposas-mediterraneas-estan-en-declive/, donde se señalan el cambio climático y los cambios en los usos del suelo como causas principales del declive (referencia original: Melero Y., Stefnescu C., Pino J. General declines in Mediterranean butterflies over the last two decades are modulated by species traits. (2016) Biological Conservation. DOI: 10.1016/j.biocon.2016.07.029). Otro artículo interesante a mencionar en esta misma línea es Habel, J. C., Segerer, A., Ulrich, W., Torchyk, O., Weisser, W. W., & Schmitt, T. 2015. Butterfly community shifts over2 centuries. Conservation Biology, 30: 754–762. doi: 10.1111/cobi.12656.